martes, 12 de enero de 2016

Euthanasia Coaster (La montaña rusa creada para suicidarse).



Un nuevo invento pretende darles la oportunidad a las personas que no quieren continuar viviendo que dejen de hacerlo.  ¿Cómo?  Mediante una montaña rusa especialmente diseñada para matar a los 24 pasajeros que viajen en ella.

Este invento descabellado y bastante polémico, fue ideado por Julijonas Urbonas, ingeniera y estudiante de doctorado en el Royal College of Art de Londres. Es una oportunidad de que las personas se suiciden con extravagancia y adrenalina, y según con elegancia.

El proyecto lleva el nombre de “Euthanasia Coaster” y se originó en la mente de Julijonas,  quien por algún tiempo trabajó en un parque de diversiones.

¿Cómo funciona?

El viaje consiste en una subida de dos minutos hasta alcanzar los 510 metros de altura, al llegar a la cima viene una fuerte caída a una velocidad de 360 kilómetros por hora hasta los 500 metros, cerca de la velocidad terminal, justo antes de sufrir una aceleración súbita en la primera de las siete espirales ubicadas en el diseño.

Estas condiciones extremas provocan en el pasajero la falta de oxígeno en el cerebro durante 60 segundos, visión negra, pérdida de conciencia y finalmente la muerte cerebral y corporal.

El mecanismo es muy similar a las pruebas de ‘centrífuga humana’ en la que los pilotos de combate simulan las duras condiciones de un pilotaje real. En esta prueba los aspirantes se colocan en el interior de un pequeño habitáculo y se les hace girar sobre un eje fijo. La velocidad provoca que la fuerza de la gravedad (que medimos en ‘Gs’) se multiplique hasta alcanzar valores de 6Gs o mayores, es decir, 6 veces la fuerza de la gravedad normal. Esta dura prueba pone al cuerpo humano al límite de su aguante, como puedes ver en el siguiente vídeo.




10 Tips para beber sin emborracharte!


1. Toma una ducha de agua caliente y finaliza con agua fría. Esto ayudará a la circulación y eliminación de toxinas

2. Puedes beber sueros orales para niños con deshidratación. Los electrolitos te ayudarán a recuperar los líquidos perdidos y el equilibrio del corporal

3. Haz una infusión de jengibre, después de tomarla aprieta la parte carnosa entre tus dedos pulgar e índice

4. Antes de acostarte, toma un jugo de naranja con una cucharada de azúcar

5. Come frutas como mandarina, naranja, guayaba, sandía y papaya. Con ello recuperarás la fructosa perdida durante la ingesta de alcohol

6. Toma una pastilla efervescente contra la indigestión

7. Mezcla dos cucharadas de ajenjo en una taza de agua hirviendo y tómalo

8. También puedes preparar un jugo con los siguientes ingredientes: una rebanada de papaya, un vaso de leche descremada, cuatro hielos molidos y un poco de canela en polvo. Toma un vaso cada cuatro horas hasta que el malestar desaparezca

9. Tomar gran cantidad de agua simple. Te ayudará no sólo a hidratar si no a limpiar tu organismo

10. Algunos cantineros recomiendan los “levanta muertos”, bebidas que hidratan el cuerpo como la Piedra (anís, tequila, y licor amargo de hierbas), Bull (bebida energetizante con jugo de limón, jarabe natural, vodka y cerveza negra) y la Sangría.

¿Por qué cuesta hablar sobre sexo?


Parece que el sexo es un tema tabú, a quién lo habla tranquilamente se le tacha de degenerado, por contra, quién no quiere ni oír hablar del tema se le tacha de reprimido. Existe un punto medio que debemos encontrar en nuestro día a día y sobre todo, antes de iniciar cualquier tipo de relación.

Antes de meteros en la cama con alguien por primera vez, aunque suene totalmente fuera de lugar, debéis dejar claro lo que esperáis de esa relación. Esto es algo primordial porque luego llegan las sorpresas… que si uno quiere que sea el inicio de algo bonito y de largo plazo, que si el otro quiere que aquello quede simplemente en un “polvo de una noche”, el caso es que aquello no acabe en un futuro malestar. Pero es que resulta muy difícil iniciar una conversación sexual interrumpiendo o robando tiempo al mismo sexo.

La sinceridad resulta imprescindible, por ello, aparte de hacerle saber a la otra persona lo que se espera de esa relación, también tenéis que hacerle saber lo que os gusta, lo que no os gusta y cómo os gusta hacerlo. A ver, sinceramente, si tenéis algún “pero” u “objeción” en cuanto a realizar según qué cosas, éstas pueden descubrirse mientras estáis haciéndolo pero claro, siempre hay excepciones y en situaciones que se salen de la práctica normal del sexo, más vale dejar claro hacia donde queremos ir o qué queremos evitar.
Pensar que al principio, cuanto más habléis, menos os tendréis que reprochar al final. Imaginaros que llega el momento de sacar el condón y, oh sorpresa!, no hay condón. Sin duda es un momento de inflexión, ¿arriesgarse o no?, ¿de verdad vale la pena? No habría hecho falta llegar a ese momento si antes de iniciar la relación a uno de los dos se le hubiese ocurrido preguntar si uno de los dos tenía condones.

Y una vez que la comunicación está servida solo queda disfrutar del sexo en todas sus vertientes. ¿Y dónde? Pues en una de las ciudades donde más solemos visitar en verano: Roma. La mejor opción es alquilar alguno de los muchos apartamentos en Roma y a parte de visitar todo lo que vuestro cuerpo aguante, podréis sentir la comodidad de estar en “vuestra propia casa”.

¿Qué ocurre en nuestro cuerpo y mente cuando tenemos sexo?

Se dice que los seres vivos nos caracterizamos por nacer, reproducirnos y morir. Como seres humanos, está claro que prácticamente todas nuestras conductas tienen sentido una vez hemos nacido y somos relativamente autónomos y que la mayoría de ellas pueden entenderse como estrategias para burlar la muerte. El sexo, sin embargo, es algo opcional en nuestras vidas, en el sentido de que no es una necesidad vital y es perfectamente posible pasar toda una existencia sin tener relaciones de este tipo.

Cuando nuestro cuerpo nos pide sexo
Ahora bien, nuestro organismo ha sido diseñado de manera que vivir teniendo sexo resulte más cómodo y fácil que no tenerlo. Normalmente, ante una decisión dicotómica en la que nos debatimos entre la posibilidad de tener relaciones sexuales y no tenerlas, hay algo que nos induce hacia la primera opción. Se trata de una fuerza misteriosa a la que Sigmund Freud puso el nombre de líbido y que hoy en día puede entenderse desde muchas perspectivas. ¿Cuáles son estos mecanismos inconscientes por los que nuestro cuerpo se predispone a tener sexo?

El circuito químico del sexo
Tener sexo altera significativamente la concentración en sangre de ciertas hormonas y neurotransmisores, al igual que ciertas actividades asociadas al amor, tal y como vimos en este artículo.

En concreto, hay un tipo de sustancia cuya cantidad aumenta significativamente: las endorfinas. Las endorfinas suelen estar asociadas a prácticas placenteras y relajantes, como el consumo de chocolate y el deporte moderado, y por eso suelen ser consideradas como una especie de morfina que fabrica el propio cuerpo. Sin embargo, su cantidad también se dispara drásticamente durante el orgasmo, y quizás por eso las relaciones sexuales suelen ser una buena forma de descargar estrés, mejorar la calidad del sueño e incluso aliviar el dolor físico. Este mecanismo biológico del que nos beneficiamos tanto (aún sin saberlo) actúa como reforzador para que en el futuro vuelva a repetirse esa misma situación.
Existe otro tipo de sustancia, la hormona oxitocina, que al estar asociada a la creación de lazos afectivos también podría jugar un papel importante en el sexo. Las concentraciones altas de oxitocina en sangre aparecen durante los abrazos, las miradas directas a los ojos, los besos y todo tipo de expresiones de cariño moduladas por la cultura. Todas estas situaciones tienen la particularidad de ir asociadas a la afectividad, pero también al placer. Y, de hecho, la oxitocina podría tener parte de la responsabilidad de que estas expresiones de amor puedan dar paso a otras actividades más íntimas, ya que parece ser que sus concentraciones son altas durante el sexo.
Además, algunos investigadores creen que el tipo de amor propio de las parejas monógamas tiene su raíz en la oxitocina liberada durante este tipo de actividad. Si las expresiones de apoyo y cariño son frecuentes y valoradas por sí mismas, no resulta extraño que, en ocasiones, sepan a poco y conduzcan a algo más.

Algunos factores culturales
Puede que las motivaciones que llevan al sexo puedan ser descritas partiendo de las hormonas y neurotransmisores que este libera, pero la cosa no queda ahí. Hablar sobre estos procesos químicos es describir una conducta desde dentro del individuo hacia afuera, pero nos falta hablar sobre las dinámicas que van de afuera hacia adentro.

Todos los ámbitos de nuestro modo de vida están empapados por factores culturales, y las motivaciones ligadas al sexo no son una excepción. Los seres humanos somos capaces de buscar posibles relaciones sexuales no ya por el placer inmediato propio de esta actividad, sino por las ideas a las que va asociada.

La idea de atractivo y deseabilidad de una persona, por ejemplo, son indispensables a la hora de hablar de atracción sexual y motivaciones por las que se guía nuestra conducta sexual. Sin embargo, estos conceptos no pueden explicarse sólo desde un análisis de los neurotransmisores y las hormonas asociadas al sexo: si forma viene influida fuertemente por la cultura. La curiosidad por el cuerpo de una posible pareja sexual, a pesar de hundir sus raíces en procesos biológicos inconscientes, también tiene en lo social uno de sus pilares básicos: de ahí que algunas partes del cuerpo sean sexualizadas en unas culturas y no en otras.

Otros ejemplos de motivaciones talladas por la cultura son:
Una idea de éxito asociada a la posibilidad de tener sexo frecuente.
Una demostración de poder.
Un concepto de diversión que incluya algunos fetiches sexuales.
La necesidad de mejorar la autoestima.
La búsqueda de lazos afectivos fuertes y de intimidad.
Por supuesto, estas motivaciones pueden ser más o menos apropiadas y adaptativas según el contexto, independientemente de la moral de la que partamos. Sin embargo, no se puede negar que existen infinidad de variables de raíz cultural que dan forma a nuestra manera de entender el sexo y de buscar situaciones en las que lo experimentemos. No podía ser de otro modo, ya que, afortunadamente, ni nos reproducimos ni nos divertimos a la manera de los autómatas.